“Ni hablar”, dicen algunos. Otros dan la callada por respuesta, o aparece en la pantalla del teléfono un lacónico “buff” e incluso un “oyoyoyoy”. En ocasiones hay más suerte y hay gente que quiere hablar de Ana Rosa Quintana y el tiempo que han pasado trabajando con y para ella, pero sin citar su nombre. Y otras veces es un sí, claro, qué necesitas, no tengo ningún problema. Las menos.
