Tres días, cuatro tiroteos, un muerto y dos heridos. En los últimos años, Bruselas se ha acostumbrado a las noticias cada vez más frecuentes de ajustes de cuentas a tiro limpio —casi un centenar en 2024—entre traficantes de droga. Pero el nivel de violencia vivido la última semana, sobre todo con las imágenes que han dado la vuelta al mundo de dos encapuchados disparando con fusiles kaláshnikov en plena calle antes de meterse tranquilamente en el metro y desaparecer por su entramado subterráneo, han supuesto un punto de inflexión.
