Los vecinos de Roses (Girona) han visto con sorpresa, coincidiendo con la Semana Santa, como un muro de piezas de hormigón aparecía en el paseo marítimo casi de la noche a la mañana, en teoría, según el Ayuntamiento, para evitar el paso de bicicletas y patinetes en una zona de gran concurrencia. Ante las quejas por tamaña chapuza, el Consistorio ha acabado reconociendo que, más que evitar el paso de bicicletas, lo que se pretende es impedir que decenas, a veces centenares, de vendedores ambulantes puedan instalar sus precarios puestos del top manta para vender baratijas y falsificaciones a turistas. El muro de la vergüenza, como algunos ya lo han bautizado, no ha evitado que en los últimos días los manteros, personas procedentes casi siempre del África subsahariana, se las hayan apañado para volver a la zona a trabajar.
