Daniel García-Peña parece un islote de cordura en pleno huracán político. Aunque lleva poco más de un año como embajador de Colombia en Estados Unidos, su trabajo al frente de una de las crisis más profundas en la relación bilateral parece eterno. Mientras el también historiador y diplomático actúa con recato, midiendo cada palabra, su jefe, el presidente Gustavo Petro, salta en casi todos los charcos geopolíticos, como si intentara borrar de un plumazo los lazos con el mayor socio comercial del país. “No volveré a ver al Pato Donald por ahora”, o “A mí no me amenace y aquí lo espero”, son solo dos ejemplos recientes del tono que el mandatario de izquierdas ha mantenido para dirigirse a Donald Trump.
