Antes de Gaza y de Bucha fue Alepo. La historia se ha acelerado tanto que nos cuesta mantener la atención puesta en lo importante. Pendientes de otros conflictos más novedosos, habíamos dejado de mirar a Siria, porque allí la guerra ha durado mucho tiempo, desde 2011, y en los últimos años parecía empantanada, con ventaja para el dictador Bachar el Asad por el apoyo ruso. Hacíamos mal: el de Siria ha sido durante más de una década el conflicto más desestabilizador para Oriente Próximo y para Europa. Sin el flujo de refugiados sirios y los atentados del ISIS no se explica el auge de la ultraderecha en la UE. La mañana del pasado 8 de diciembre nos despertamos con que Al Asad había huido a Moscú mientras los rebeldes islamistas tomaban Damasco, y nos pilló de sorpresa. Apenas ha pasado mes y medio de eso, y parece lejano.
