Cuando Aitor Esteban, la voz del PNV en Madrid, dijo a mediados de enero que para él sería “un honor” presidir el principal partido vasco, no había calculado la repercusión que iban a tener sus palabras. Andoni Ortuzar, el líder peneuvista, se mantenía entonces agazapado, sin desvelar sus intenciones de volverse a presentar. Unos días después anunció su disposición a alargar su mandato otros cuatro años más. Todo quedaba en manos de la militancia. El proceso electoral para elegir al presidente del PNV está aún abierto, pero las votaciones de los afiliados (la primera vuelta finaliza este domingo) reflejan que existe una división interna. Sin conocerse aún el resultado final, los apoyos que está recibiendo Esteban en los batzokis (sedes del PNV) se interpretan como un “voto de castigo” a Ortuzar.
