“This is my friend Porky”, clamó este martes Speed desde el balcón de la Municipalidad de Lima frente a una multitud extasiada que no sabía que más hacer para llamar su atención en la Plaza Mayor. Rafael López Aliaga, el ultraconservador que gobierna Lima, rio complacido mientras le caían varias gotas de sudor. Desde que asumió la alcaldía hace dos años no había recibido una ovación semejante. La última encuesta del Instituto de Estudios Peruanos indica que apenas tres de cada diez limeños aprueba su gestión. Su baja popularidad responde a sus promesas incumplidas, como la construcción de un teleférico y un tranvía; o sus condecoraciones al cardenal Cipriani, acusado de pederastia. Algunos consideran que su eslogan de la ciudad (Lima, potencia mundial) puede parecer irónico.
