
Es un espléndido día azul en la orilla del Mar del Norte. Y Dommaraju Gukesh, de 18 años, se aloja en un hotel a cien metros de la playa. Pero quien espere verlo paseando por ella lo hará en vano. Excepto en las jornadas de descanso, solo sale de su habitación unos minutos antes de cada ronda. Su padre ha dispuesto que el desayuno, el almuerzo y la cena se sirvan en ella. Ambos consideran que ganar el primer torneo después de ser campeón del mundo (hace mes y medio, en Singapur, destronando al chino Liren Ding) tiene una importancia extrema.

