Hay artistas que saben condensar la esencia de su tiempo. Ser crisol del momento y el lugar en el que viven. Un chaval negro de un barrio humilde de Compton (Los Ángeles) es hoy ese oráculo. El Dylan de nuestros días, que dijo hace tiempo algún cursi que supo acertar. El tipo al que escuchan los adolescentes y citan los presidentes, que alaban los Grammy y temen las cadenas conservadoras. Kendrick Lamar Duckworth, de 37 años, también es el hombre que este domingo 9 de febrero se subirá durante 13 minutos al escenario del estadio Caesars Superdome de Nueva Orleans para, en plena LIX Super Bowl, consagrarse definitivamente como la voz de América.
