La deuda pública en Europa ha frenado la caída que encadenaba desde 2020, cuando subió extraordinariamente porque la covid obligó a los Estados a utilizar los presupuestos para evitar que la pandemia acabara por arrastrar a la economía a una depresión. Después llegó el rebote del PIB y cuando este se dio de bruces con la invasión de Ucrania por Rusia, se disparó la inflación. Ambos fenómenos —crecimiento y precios desbocados— favorecieron el ajuste de las cuentas públicas, pero el impulso de ambos ha desaparecido y la deuda sigue. La consecuencia es que en 2024 tanto la UE en conjunto como la zona euro han cerrado el ejercicio con una deuda ligeramente superior a la del año anterior: una cantidad equivalente al 81% del PIB y al 87,4%, respectivamente, según ha divulgado Eurostat este martes.
