
Detectar un tumor a tiempo -en los estadios iniciales, cuando aún es pequeño y no se ha extendido- es, a grandes rasgos, sinónimo de cura. Dos ejemplos: en el cáncer de mama, el más frecuente entre las mujeres, el diagnóstico precoz eleva la tasa de supervivencia al 98%, según la Sociedad Española de Oncología Médica. Si tomamos el cáncer de próstata, el más habitual entre la población masculina, el 75% de los hombres con tumores localizados sanarán, estima la Asociación de Cáncer de Próstata. Las cifras hablan por sí solas: prevenir es curar. Una misión en la que los programas de cribado –pruebas masivas para detectar esos cánceres entre la población susceptible– juegan un papel esencial, tal como constata Fernando Colmenarejo, jefe del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud Zaragoza: “En el caso del cáncer de mama, una mamografía a tiempo se correlaciona directamente con el descenso de la mortalidad”. Así funcionan estas iniciativas para tres cánceres diferentes.
