Parecía la celebración de un trofeo o un premio de lotería, y algo de eso había en los gestos eufóricos en los escaños del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD). Aplaudían, sonreían, se hacían fotos. Después de años como apestados parlamentarios, por fin se sentían aceptados. Alice Weidel, la candidata de AfD en las elecciones del 23 de febrero, salió del hemiciclo y declaró: “Hoy es un gran día para la democracia”.
