En España hay codazos por comprar viviendas, oficinas, hoteles, negocios… y universidades. La educación privada vive días de vino y rosas. Vitaminada por la escasez de oferta pública y la altísima demanda en formación, esta ecuación ha cristalizado en un notable burbujeo en el mercado de adquisiciones de activos ligados a la educación. El margen de crecimiento que reflejan las estadísticas engorda el apetito inversor: la educación privada contó con 158.186 matriculados en grados en el curso 2013-2014, cifra que este año se situó en 300.094 estudiantes. La demanda creció un 89% en diez años.
El filón de la Formación Profesional
El Gobierno ha apostado por la Formación Profesional, donde el número de matriculados creció un 32,2% en el último lustro. La ecuación de alta demanda y escasa oferta tiene como resultado el florecimiento de la educación privada, con el apetito de los fondos. El pasado verano, la firma suiza Jacobs Holding ganó el pulso por hacerse con Ilerna, uno de los centros de FP líderes en España, por un precio de 400 millones. Las enseñanzas de FP se imparten en 4.022 centros docentes, de los cuales 2.650 son públicos y 1.372, privados. La educación privada ya canaliza la demanda del 36% de los estudiantes que optan por este modelo.
