El último ganador del Premio Pritzker, Liu Jiakun (Chengdu, China, 1956), dio muchas vueltas, fuera y dentro de su cabeza, antes de convertirse en arquitecto. El escenario de su infancia fue un hospital, el de su ciudad, Chengdu, donde trabajaba su madre y buena parte de su familia de médicos. De joven, fue enviado a trabajar en el campo, como muchos adolescentes hijos de la revolución China. Luego dudó en convertirse en pintor. Dudaba entre escribir y dibujar. Por eso pidió trabajar en el Tibet y en Xingjiang, dibujando y escribiendo. Tras esos años, decidió estudiar arquitectura porque pensó “que así podría dibujar”. Pero esa otra mirada adquirida en la duda y la distancia lo convirtió en un renovador. En un inventor incluso. Solo tenía que aparecer la oportunidad para serlo.
