Junto con el cambio de estafeta generacional, las familias han cambiado su aproximación a los videojuegos. Ahora la generación milenial y subsecuentes, esas a las que les tocó vivir en mayor o menor medida los tiempos de las restricciones (“pero sólo hasta las nueve”, “no vas a jugar hasta que traigas buenas calificaciones”, “te vas a quedar ciego, apaga eso”), han adoptado las consolas de juego como parte de su vida.
