Conocí a Porfirio Muñoz Ledo en Estrasburgo, en su paso como Embajador de México frente a la Unión Europea. Me increpó en aquel entonces sobre mi cercanía con el Partido Acción Nacional (PAN). Me dijo que un intelectual, calificativo con el que no me identifico, no debía comprometerse con ninguna ideología. “Míreme a mí”, subrayó. Se refería a su paso por cuanto partido político existió en México. “No hay peor cosa que un intelectual orgánico […] Comprométase, pero siga su camino”. Nunca lo olvidé, aunque sigo sin considerar que su reflexión me aplica.
