Una pregunta inocente como “¿Qué tal estás?” puede ser interpretada por algunas personas como la ocasión perfecta para volcar, sobre el que la formula, todas las desdichas del momento. El desahogo puede ser sincero, pero el problema viene cuando con él se incurre en sobredimensionar los problemas reales. Hay etapas vitales en las que las personas se enfrentan a situaciones complicadas, de una dureza extrema, y en esos momentos no hay teatralización posible. Sin embargo, cuando se habla de personas adictas al drama se está señalando a aquellas que hacen una montaña de un grano de arena. Aquellas para las que cualquier inconveniente cotidiano pasa a convertirse en una enorme piedra en el camino porque, de alguna manera, han aprendido a acaparar la atención a través de maximizar sus problemas ante los demás.
