Ningún presidente de una democracia lo es por el entusiasmo pleno de sus votantes. Ni Gustavo Petro ganó las elecciones de 2022 por la entrega acrítica de la mayoría de los colombianos a su proyecto, ni el estadounidense medio es un militante apasionado del movimiento MAGA, Make America Great Again. La realidad política sucede en muchas dimensiones al mismo tiempo. Siempre hay factores intermedios, contextos, y en las mayorías sociales que aúpan a un determinado dirigente hay amplios sectores más tibios o menos fieles a la causa. Gente que escoge una opción por temor o rechazo a la contraria, como pasó en Colombia, o que busca a un culpable del deterioro de sus condiciones de vida. Y ahí está el relato de la “invasión de migrantes” agitado por Donald Trump.
