Dos lonas estampadas situadas en uno de los fondos del estadio del Galatasaray delatan la idolatría del fútbol turco. En una de ellas está estampado el rostro de Ali Sami Yen, el fundador del club en 1905 que bautiza el coliseo del campeón turco. La otra lona inmortaliza el rostro de Metin Oktay, apodado metafóricamente el Rey sin Corona, máximo goleador de la historia de la entidad y considerado el mejor jugador de siempre en el fútbol turco. El fanatismo pasional de los hinchas del Galatasaray tiene en el goleador Victor Osimhen (Lagos, Nigeria, 26 años) su último tótem. En verano, cuando el presidente de la entidad anunció que el atacante africano ya era de su propiedad tras jugar su primer año a préstamo, el aeropuerto de Estambul fue invadido por miles de aficionados del Galatasaray. Los 75 millones de euros que el club de la orilla europea del Bósforo desembolsó al Nápoles se convirtieron en la transferencia más cara jamás pagada en Turquía por un futbolista. El pago, realizado gracias a patrocinadores e inversores particulares, sorprendió en la industria y en el mercado del fútbol europeo.
